jueves, 2 de diciembre de 2010

Caos

Foto: Srta. Insomnio
'Dios no existe. Está claro.' Palabras que repetía todas y cada una de las veces que se torcía todo, simplemente, por el hecho de torcerse, porque sí. La gente normal necesita treguas. Incluso cuando pretendía darle una oportunidad al karma, este le daba la espalda como si fuera invisible.


Se habla de gente desgraciada, triste, gafada, de malas rachas, de mala suerte. Mentira. Es el ser humano; él y su puñetera manía de ser social, de dejarse llevar, ser egoísta, traicionero, insensible, un terrorista de sentimientos ajenos.

Cada mañana, desde entonces, derivaba en días más o menos largos / más o menos cortos donde no recordaba ya cuántas veces le pensaba, cómo abrió demasiado la puerta de eso que llaman alma (donde los sentimientos), en lugar de entreabrir la ventana. Quizás el error esté ahí, en dar demasiado por miedo a dar menos que la otra persona. Sí, estábamos hablando de a-m-o-r. O quizás no, quizás sea hora de mirar la paja en el ojo ajeno por una vez; que ella, que tú, que yo no hice nada mal; yo sabía qué quería, qué sentía y hacia dónde quería avanzar. Eras tú el niño perdido que no encontró el País de Nunca Jamás, aquel sitio del que tanto hablabas. No huiste como dijiste sino que te quedaste, te impregnaste de aquello que me habías negado y te refugias en palabras vacías y dañinas en lugar de hacerlo en mi abrazo.

Algún día, esperemos que más pronto que tarde, dios, el karma, o el puñetero mago que rige este ordenado caos te ponga en tu lugar y a mi en el mío. Que escuches cualquier canción, veas cualquier puesta de sol, cualquier bar donde estuvimos, cualquier parque donde respiramos el mismo aire, las baldosas que hemos pisado y que hemos evitado pisar, aquel autobús donde no estaba yo, aquellos lugares de los que hablamos donde nunca coincidimos pero a los que ambos fuimos en algún momento en esta puta ciudad de mierda. Porque algún día lo más bonito que tuve fue nosotros, fui el monstruo de tu armario, quien te miraba dormir, la rampa donde patinabas, el pulpo que te abrazaba en los sueños y en la realidad, fui tu amiga robot con sentimientos, un gremlin y todas las letras aquellas, agolpadas sin sentido aparente, y que sólo nosotros sabíamos qué querían decir. Fuiste mis noches sin miedos, fuimos eso y las estrellas. Fuimos el sexo y el amor. Hemos ardido en las frías montañas.

Tú eras Sueño y yo Deseo. Y de todos los sueños uno se despierta.

2 comentarios:

  1. Dios no existe... o puede que sí, aunque yo me inclino por lo primero. En cualquier caso, si existiese, no podría manejar todos y cada uno de los hilos de la existencia, sino que nos habría hecho autoorganizados...

    Sé fuerte, sigue adelante... Todo (o casi todo) depende únicamente de ti.

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