martes, 23 de agosto de 2011

De cómo empecé a ser una insomne

Srta. Insomnio
Hola niñas y niños, gatas y gatos, perras y perros y demás animalitos bellos del mundo.
Me he dado cuenta de que hace un año ya de que abrí este blog y sólo he puesto textos y textos y no me había presentado. Tampoco es que tenga muchos lectores (me creo Pérez-Reverte por momentos, -¡jé!-), pero es de mala educación de toda la vida no presentarse cuando se es nuevo en los sitios.

Pues a ver... habrá que empezar. Mi nombre es S. (inventaros lo demás, es lo de menos -juegazo de palabras, estoy que lo doy todo-), tengo 24 años, un 'trabajo' precario del que luego me quejaré y varias cosas más a añadir que hacen la persona que soy.

Nací en Málaga Sity, ciudad sin ley y sin otras muchas cosas como un verano decente y con un invierno de mentira. Tengo algunas amigas a las que llamo 'totos' (que aquí significa 'vagina'; sí, soy así de choni) o titis o socias o jefas... pero normalmente no por su nombre, me creo chunga porque soy de un barrio chungo y todo lo malo, incluido el vocabulario, se pega, es lo que hay. Al menos acabé los estudios, o eso intento, así que faltas de ortografía, por lo menos, no tengo (aunque aquí me remarque varias palabras en rojo no son falta).

Mi infancia es la típica infancia de una niña que no tiene hermanos y padres que trabajan de sol a sol en una fábrica de tejidos y en el campo recogiendo patatas. De pequeña no pude ir al colegio, de modo que la señora de los campos donde trabajaban mis padres me enseñó todo lo que sé y, como era maestra, pues sirvió para mi formación. Rebobino. Es cierto que no tengo hermanos y que mis padres trabajaban musho, de modo que siempre me crié con mis abuelas y todo lo que aquello conlleva. Las abuelas son wena ente, como se dice aquí, pero a mi me tocaron raras. La madre de mi padre, por ejemplo, me cuidaba a mi y a todos mis primos así que para no liarse demasiado a todos nos llamaba 'Tamara' o 'Adri' y va que chuta. Le gustaba el vino y las copas de helado de la de abajo, charlar con sus vecinas igual de viejas e igual de horriblemente vestidas y hacernos bocadillos de mortadela Mina. Para mi otra abuela yo como que no existo, soy la nieta suplente cuando no está su verdadero nieto, el hijo de su verdadero hijo (y hasta aquí puedo leer... xD).

Pues eso, que yo era una niña muy graciosa y muy rareta como ya conté en otra entrada y que no repetiré porque me quedó bastante bien (creo yo, qué coño) y para qué redundar.

De la adolescencia mejor ni hablar. Ser rara cuando eres niña es como muy mono y entrañable... pero a partir de los 13 años di un cambio siniestro a mi ser. El negro, la ropa rota, las cadenas, los imperdibles, la música metal extrema y las películas de dudoso contenido (no hablo de porno, coño) dieron paso a un pequeño monstruo que hacía dibujos tan feos como la ropa que llevaba. Para los niños de ese rollo de hoy yo sería la caña y todos me adorarían y me amarían, pero los niños de ahora son más guays y los de antes eran todos unos bacalas poseídos por el cantante de los Prodigy que no veían más allá de sus peinados badboy o su ropa marca Scorpion Bay (aquí en los noventa era lo más). El caso es que tenía una amiga que me duró como toda la vida (al menos hasta ahora), que comprendía bastante mi manera de ser y a la que adoro con toda mi alma a pesar de ser polos opuestos casi. También me eché un novio con 15 años que se parecía a Kurt Cobain que me duró 3 y me hizo perder toda la adolescencia de un plumazo (igualito que las niñas de ahora).

El caso es que el instituto, para mi, era un jodido infierno. Yo era una niña majísima  que sacaba muy buenas notas, se portaba estupendamente  y salía en el cuadro de honor. Bueno, no en las fotos, porque mi color de pelos y los piercings no eran adecuados, por lo visto. Retrógradas era lo que había allí y yo una persona muy versátil y con gran personalidad y poco gusto. Luego me hice rastas.

La universidad me abrió loh ohoh y en lugar de ser una paria era una alternativa  majísima y que sacaba muy buenas notas y se portaba estupendamente. El caso es que, como todos, supongo, creí que todo sería color de rosa en la facultad, haría lo que me diera la gana, saldría de juerga como en las pelis de universitarios de después de comer y demás. El caso es que juergas me pegué... pero nadie me habló de las largas noches de estudio y de hacer trabajos que me pegué. Es entonces cuando conocí a Insomnio. Él no era un gótico ni un oscurito guay de atractiva presencia y gustos refinados con tatuajes de Depeche Mode, no, era la puñetera falta de sueño que me hizo convertirme en la sociópata joven que soy ahora.

Agradecerle tengo, que gracias al insomnio precoz (por lo visto de joven también lo tenía, yo creía que eran ganas de desafiar lo establecido y acostarme tarde) y al insomnio de ahora descubrí lectura, música y mundos paralelos donde perderme y cultivar mi mente.  Viendo Buenafuente, por ejemplo. O la Hora Chanante. Y la afición de escribir gilipolleces como esta.

No obstante... por lo visto, el sueño es como necesario para vivir. Entonces me convertí en un animal nocturno adicto a la Coca-Cola Zero que no dormía por las noches y luego de día se quedaba sopa en clase. La vida es dura y encontré amigas que me ayudaron a dormir, solo que el médico no me deja verlas siempre y hace falta comprarlas con receta. Poco después he sabido que el hurto en los hospitales está generalizado y, bueno, por suerte conozco gente que me las proporciona gratis. Gracias.

Después de asumir que me cuesta trabajo dormir porque de noche estoy como más inspirada para hacer cosas como las mencionadas antes, he de decir que esta afición de ser nocturna me resultaba más facilona cuando sólo tenía que estudiar. Como hace unos meses decidí que ser becaria ya era necesario para mantenerme económicamente, firmé un fabuloso contrato multimillonario con el que trabajo pocas horas, en un ambiente ejemplar, rodeada de gente fascinante y haciendo lo que me gusta (Traducción: firmé una mierda de contrato que no me cotiza a la Seguridad Social una mierda, llevo 9 meses trabajando en un zulo asqueroso que, al menos tiene aire acondicionado, pero plagado de tíos que me llevan más de 10 años y cuyo tema de conversación principal es cuánto tienen que pagar de manutención si se divorcian de la señora; ah, y sin vacaciones, por supuesto).

Bueno, a grosso modo (¿véis lo bien que me expreso?), esa es la tía insomne que escribe el blog. Ya más o menos me he presentao. Más vale tarde...




4 comentarios:

  1. Como no me deja editar la entrada... diré que son 25 años los que tengo (ya me voy quitando, perdonad mis queridos 'leyentes').
    Y que cambiaría *de que abrí por "desde que abrí".

    Eso, los fallo der bló, que no me deja editar nada.

    ResponderEliminar
  2. Yo llegué al Ben Gabirol desde un colegio de monjas (sí, tuve que ir allí porque era el que me tocó... menos mal que no tenían Bachiller) y me pareció lo más abierto y lo menos retrógrado del mundo XD Supongo que lo veía de otro prisma XD

    Yo también soy insomne (no sé si te lo comenté) y también soy adicto a la Coca Cola y como no duermo nada de noche, cuando vuelvo del trabajo el día que tengo turno de mañana me pongo hasta con mal cuerpo y caigo literalmente fulminado en la cama o en el sofá.

    La vida insmone es dura, pero tiene cosas chulas también :) Pero a veces es una mierda.

    ResponderEliminar