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Foto: Srta. Insomnio |
- ¿Qué quieres que te diga? - Le pregunté.
- Nada, no me digas nada.- Dijo ella.
- ¿La verdad? En un mundo paralelo, amiga mía, habría cogido tu mano y no la de otra. Las decisiones erróneas que tomo aquí, serían allí las correctas (y viceversa). No te habría quitado la cara entonces, habría dejado que me besaras en aquel lugar desconocido para los dos pero, que al fin y al cabo, podía haber sido igual de nuestro que cualquier otro. En un mundo paralelo yo tengo un trabajo de puta madre y a lo mejor el pelo largo, o llevo piercings y tatuajes y duermo en una cama grande, en una casa grande. Pero no. En un mundo paralelo, te juro, que habría hecho lo que fuera por los dos, por ti y por mi, por tener lo que fuera. Pero en este, las decisiones que he tomado son completamente distintas. Y no tienen por qué ser malas. Por eso hoy estamos aquí y de esta manera y no de otra. Cierra los ojos y piensa en allí, en Nunca Jamás, donde las cosas no son más fáciles ni más difíciles sino distintas, y donde podemos tener aquello que no tenemos aquí.
La dualidad existe. Allí, ahora, es un atardecer más fresco que cálido, tú llevas una sudadera de capucha y te digo algo (a saber qué); estamos sentados en un trozo de piedra a modo de banco en ese sitio que tanto te gusta, junto a la playa. Te digo, repito, algo... y tú apoyas tu cabeza en mi hombro y se hace el silencio.
Aquí, ahora, estamos en una cafetería de mala muerte tomando una porquería de zumo de naranja debatiendo tonterías. Lo cierto es, que todo esto no te lo digo, lo pienso... mientras quiero tener algo contigo que no sé lo que es y te miro mientras te sonríes para ti misma porque has tirado algo al suelo.
En el paralelo, ya te digo, esto no es así. Aunque tú no te enteres de nada.